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Navidad y Año Nuevo, las tradiciones más insólitas

Las fiestas navideñas son sinónimo de reencuentros, momentos en familia, festines, regalos, ciudades iluminadas… Eso en España. Pero ¿qué pasa en otros países?

En las tradiciones nadie manda, eso está claro. Se transmiten de generación en generación y normalmente por tradición oral. Así que muchas veces ignoramos de dónde vienen, pero las seguimos y eso permite perpetuarlas en el tiempo. ¿Atarías a tus padres en Navidad? ¿Quemarías al diablo? ¿Visitarías un cementerio? ¿Asustarías a tus hijos con un personaje diabólico? Estas son algunas de las tradiciones más extrañas del mundo.

 

Yugoslavia: secuestro a cambio de regalos

Una de las tradiciones más extrañas es la de los países de la antigua Yugoslavia. Allí dos semanas antes de Navidad los niños atan a su madre, piden regalos a cambio de su libertad y cantan canciones navideñas. La “extorsión” no termina ahí. Una semana más tarde serán los padres los que pasen por el mismo trance. ¡Todo vale con tal de conseguir los regalos!

 

Italia: la bruja buena

Si nuestros niños tienen a los Reyes Magos, los pequeños italianos esperan ansiosos cada noche del 6 de enero a Befana, su bruja buena que reparte regalos. Su llegada se celebra por todo lo alto. Se organizan festivales, obras, conciertos, las plazas principales de ciudades como Roma y Milán se llenan de gente disfrazada y se lanzan fuegos artificiales. También es tradicional hacer grandes fogatas para quemar una muñeca de trapo que representa a Befana, para dejar atrás los aspectos negativos del año que terminó y atraer los buenos augurios para el que comienza.

 

Guatemala: la quema del diablo

Otros que utilizan el fuego como elemento purificador son los guatemaltecos. Cada 7 de diciembre se produce la tradicional quema de una figura del diablo en enormes fogatas. Es una gran celebración acompañada de música, bailes y juegos pirotécnicos. Se trata de una tradición muy arraigada y motivada por la fuerte creencia de que con la quema se eliminan los males y desventuras sufridas durante el año transcurrido.

 

Chile: fiesta en el cementerio

Los vecinos del pueblo de Talca, en Chile, llevan más de treinta años recibiendo el año nuevo junto a sus difuntos en el cementerio, costumbre que también se lleva en otras ciudades el país como Iquique o Valparaíso, pero de forma menos masificada. Basta con iluminar las tumbas con velas, adornarlas con flores, beber licor y brindar en recuerdo de sus difuntos, escuchar música, bailar y lanzar confeti. ¡La fiesta está servida!

 

Filipinas: lunares y monedas

¿Estamos en la Feria de Abril? No, pero podría ser si no fuera por los rasgos asiáticos. Las mujeres llaman a la buena suerte en Filipinas llevando lunares en su vestimenta en Nochevieja, porque simbolizan las monedas que traen prosperidad y salud. Vestidos, camisas, bolsos, pañuelos… Todo vale, y mucho mejor si llevan al menos un bolsillo donde meter monedas que hacen sonar cuando llegan las 12 de la noche para atraer buenos augurios.

 

Holanda: la controversia de Zwarte Piet

Sinterklaas (San Nicolás) es la estrella de la Navidad holandesa. Con su tradicional barba blanca llega cada año a sus costas procedente de España y viaja por todo el país repartiendo regalos. Hasta aquí, se parece mucho a nuestro Papá Noel, pero va acompañado de Zwarte Piet, un paje negro inspirado en un demonio que se dedicaba a secuestrar niños y que, una vez derrotado por San Nicolás, se convierte en su asistente. La amenaza sigue latente: a los niños que se portan mal, Zwarte Piet se los llevará en un saco rumbo a España. ¿La controversia? Muchos lo consideran racista y un legado de la época colonial.

 

Austria: temor a Krampus

Según la tradición, Krampus es un insólito diablo nórdico que castiga a los niños malos. Se le muestra llevándose a los niños desobedientes en cestos o encadenados para arrojarlos al infierno. Tradicionalmente, la noche del 5 al 6 de diciembre los hombres se disfrazan de Krampus y recorren las calles aterrorizando a los más pequeños. Estos desfiles han ido a más convirtiéndose en espectaculares procesiones demoníacas en países nórdicos con Austria a la cabeza, Bavaria (Alemania), Croacia, Chequia, Hungría, Eslovaquia y Eslovenia.