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Arboterapia: abrazar árboles es bueno para tu salud

Las plantas tienen generalmente connotaciones positivas para los seres humanos y el contacto continuado con ellas puede ayudarnos a mantener una actitud positiva y placentera.

“Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”. Así lo creían los celtas, donde cada miembro de la comunidad tenía un árbol que lo protegía y les atribuían poderes mágicos; así como los monjes medievales, que sentían admiración por la naturaleza y lo que ella podía enseñarnos.

En este sentido, los precursores de la arboterapia propugnan vivir en armonía con la naturaleza y los árboles. La palabra arboterapia proviene del arbor (árbol) y del griego therapeia (atención, curación) y, aunque lo primero que se nos viene a la mente es el abrazo a los árboles, supone mucho más que eso. Implica frecuentar bosques y espacios verdes, aspirar su aire, estar en contacto con las plantas, percibir sensaciones agradables y placenteras, liberarnos del estrés y llenarnos de paz y tranquilidad.

 

El aire puro

En la Antigüedad, la naturaleza era la única farmacia que el hombre poseía. Hoy los árboles nos vinculan aún con creencias y épocas muy antiguas y respetuosas con la energía que de ellos emana.

¿Te has preguntado alguna vez por qué te sientes tan bien cuando caminas por el monte, un bosque o la playa? El paisaje, los colores, la luz… Todo ayuda, pero en especial el aire puro que respiras. El aire contiene iones que, dependiendo de su carga eléctrica, pueden ser positivos o negativos. Así, ese aire en particular contiene gran cantidad de iones negativos de oxígeno, muy beneficiosos para nuestra salud, ya que nos ayudan a estimular y armonizar los procesos vitales, nuestra mente y nuestras emociones.

 

Energía revitalizante

Así, numerosos y actuales estudios han demostrado que la naturaleza es un factor determinante para nuestra salud. Como ejemplo, el libro Blinded by Science, de Matthew Silverstone, que demuestra que la energía que desprenden los árboles se extiende positivamente hacia los demás. Es decir, cuando abrazamos un árbol esa vibración única afecta a nuestro cuerpo de manera maravillosa.

Según los estudios que cita el autor, cuando los niños interactúan con las plantas consiguen unas mejores funciones cognitiva y emocional. Además, los árboles tendrían efectos positivos sobre el dolor de cabeza, la depresión, las enfermedades mentales o los trastornos de déficit de atención e hiperactividad (TDAH), entre otros.

 

Abraza un árbol

Ahora, con todo lo que sabes, te animamos a ponerlo en práctica. Anímate a salir al campo, camina tranquilo, sin rumbo, elige tu camino con libertad y disfruta de la naturaleza que te rodea.

¡Elige tu árbol y abrázalo! Según dicen, no todos son iguales: el pino favorece la curación, el arce alivia el dolor, mientras que el cedro y el ciprés te ayudan a reducir la sensación de calor. ¿Tienes problemas de estómago? Entonces escoge el espino blanco o el olmo. Si optas por el sauce o la higuera, mejorarás la presión arterial y fortalecerás tu corazón.