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¿Qué hacer y qué no hacer para practicar la escucha activa?

La escucha activa, basada en el trabajo de Carl Rogers, es una técnica de comunicación que se utiliza en la resolución de conflictos, muy importante para conseguir una comunicación efectiva. Te lo contamos.

Escuchar, a menudo, nos resulta mucho más difícil que hablar. Practicar la escucha activa implica demostrar a nuestro interlocutor que no solo hemos entendido lo que está diciendo, sino que además estamos atentos a las ideas, pensamientos y sentimientos que subyacen a lo que nos expresa verbalmente.

De esta forma, superar los obstáculos que nos impiden escuchar de forma eficiente y poner en práctica recursos para demostrar que estamos escuchando, nos permitirá desarrollar con éxito esta estrategia de comunicación.

 

Algunos obstáculos

  • Atención dividida: por lo general, intentamos prestar atención a muchas cosas al mismo tiempo. Esto coloca a nuestro interlocutor en una posición incómoda.
  • Atención a nosotros mismos: ¿cuántas veces nos centramos en nuestros pensamientos o en cómo nos sentimos cuando nos están hablando? Así estamos comprometiendo nuestra capacidad de escuchar al otro.
  • Fingir que escuchamos: es un recurso muy habitual al que recurrimos, demostrando que escuchamos cuando en realidad no lo hacemos.
  • Quitarle importancia a lo que otro dice: cuando pensamos distinto a nuestro interlocutor, muchas veces utilizamos el recurso de minimizar lo que nos dice con frases como: “Eso no es nada”.

Actitudes para mejorar nuestra escucha activa

  • No juzgar: el elemento fundamental de la escucha activa es ser capaces de escuchar libremente, sin juicios preconcebidos y con humildad, mostrando que se acepta lo que dice nuestro interlocutor, aunque no se esté de acuerdo.
  • No interrumpir: aunque no estemos de acuerdo, hay que respetar los tiempos de la otra persona para exponer su postura.
  • Ser paciente: a veces nuestra ansia por ofrecer una solución o un consejo nos lleva a anticiparnos a lo que el otro va a decir o a tener una respuesta antes de que nos cuente todo.
  • “Síndrome del experto”: evitar dar un consejo cuando no es eso lo que la otra persona nos pide. No ofrecer ayuda o soluciones prematuras, pues a veces la otra persona solo necesita sentirse escuchada y comprendida.
  • No distraernos: puede que lleguemos tarde a una cita o estemos cansados, pero tenemos que evitar mirar el reloj y centrarnos en la persona que nos habla.
  • No rechazar sus emociones: las emociones y sentimientos no se controlan; por ello, decir a alguien que no debería sentirse así o que no comprendemos cómo puede sentirse de esa manera implica un reproche y hará que se sienta incómodo o incluso hostil por algo que no está en su mano.
  • Escuchar “entre líneas”: en algunos mensajes que escuchamos es igual de importante lo que dicen como lo que no dicen. Debemos estar atentos a lo que se transmite entre líneas en una conversación y conocer e interpretar el lenguaje verbal y corporal de las personas.
  • Demostrar que escuchamos: mirar a los ojos, asentir con la cabeza, con las manos, mostrar una actitud amable, emitir palabras de refuerzo, resumir y parafrasear lo que nos está diciendo… es decir, no solo escuchar, sino demostrar que queremos hacerlo. Esto creará un clima de confianza.
  • Ponernos en el lugar del otro: cuando una persona tiene un problema o pasa por un mal momento, es el momento en el que más tenemos que aplicar la escucha activa, ser empáticos porque necesita ser escuchada y comprendida.